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James Vreeland: “debemos definir claramente el concepto ‘textil sostenible’ y cómo lograrlo en el corto plazo”

Una de las consecuencias de la pandemia que venimos experimentando, es el despertar del interés por lo ecoamigable, el comercio justo y demás vertientes del caudal que conforman la llamada “sostenibilidad”. Pero, ¿qué es la moda sostenible más allá del concepto?

Conversamos con el Dr. James J. Vreeland, antropólogo norteamericano y fundador de Naturtex/Eko Perú, una de las primeras empresas peruanas proveedoras de insumos sostenibles en el sector de la moda. Hilado y telas de algodón, alpaca, y un sinnúmero de mezclas naturales, forman parte del portafolio de productos de esta compañía.

Profundo conocedor de las fibras ancestrales peruanas, Vreeland tiene convicciones que vale la pena conocer.

 

La pandemia está llevando a muchos consumidores a adquirir productos sostenibles. ¿Cuál crees que sea el estado de la sostenibilidad como concepto y práctica, en el Perú?

Hay mucha oferta, mucho buzz en redes y mucha confusión, tanto por el comprador como por el vendedor. Solamente en Lima habrá por lo menos una media docena de iniciativas privadas y públicas, que buscan afiliar miembros a sus organizaciones, gremios, chats, redes sociales, webinars, etc. Irónicamente, no he encontrado que el concepto sea definido claramente ni por las empresas ni las instituciones públicas que emplean la frase “textil sostenible.”

 

¿Los consumidores y las empresas peruanas tienen un adecuado conocimiento de sostenibilidad?

El peligro es convertir un concepto muy confuso y hasta vago –lo sostenible- en la nueva etiqueta genérica con fin de generar interés comercial, como una práctica políticamente correcta. Lo mismo ocurrió con las famosas etiquetas del momento, como lo natural, lo verde o ecológico; lo orgánico, bajo impacto ambiental, etc.

 

¿Porque representa el uso de la frase “sostenible” un peligro?

Porque, si prometemos textiles sostenibles en el mercado internacional, lo primero que los compradores preguntaran a los ofertantes es, ¿cuál es su concepto de sostenibilidad y cómo lo practica su empresa?

Así fue en la recién culminada feria PerúModa -con 35, 000,000 hits en internet- exhibiendo el lema feel & live sostainable. Hemos entrevistado a media docena de visitantes de diferentes países. Ellos asumieron que todos, o al menos la mayor parte, de los ofertantes, manejaban conceptos y practicas concretas y medibles.

Nuestros visitantes se dieron cuenta que pocas empresas peruanas realmente tuvieron claro qué es el concepto “textil sostenible,” ni cómo hacerlo a corto plazo. Entonces, el peligro es ofrecer al mercado algo que no puede hacer, entender ni cumplir.

En lugar de afiliar adeptos, sean personas naturales, jurídicas u otras, a las nuevas iniciativas, gremios y clúster de “moda sostenible”, debemos más bien, definir claramente el concepto “textil sostenible” y cómo lograrlo a corto, no largo, plazo.

 

Cualquiera que sea la definición de textiles sostenibles ¿Por qué no se puede ofrecerlos en el Perú de hoy?

Claro que sí, se puede, pero con conocimiento y confiabilidad en cumplimiento con la definición de cada ofertante, una definición clara, medible y confiable. Entonces, ¿cuál es el primer paso?

Primero construir una cadena productiva realista, práctica y transparente, que alinea con el concepto de sostenibilidad de cada empresa, pero, enfocado en las personas y procesos, no solamente en los productos.

Segundo determinar cuáles son las fibras y otros insumos necesarios para un producto textil sostenible. El Perú realmente solamente tiene dos, la alpaca y el algodón, y por el contrario, la mayoría de la producción textil nacional en base a fibras sintéticas (poliéster y sus derivados) y fibras hechas por el hombre (tencel, modal, rayón, etc.)

 

Y que pasa con nuestras “fibras ancestrales”, otro termino que acuñado para diferenciarlas de las fibras introducidas.

Primero el caso de la alpaca. El proceso de esquila, acopio y transformación del pelo/hair de alpaca fue duramente y sorpresivamente golpeado hace unas semanas por un video “clandestino” PETA, de distribución masiva internacional en múltiples idiomas. Fue captado subrepticiamente en las instalaciones de una de las empresas alpaqueras más grandes y antiguas del país, en la sierra de Puno. Según su sitio web, es “una empresa socialmente responsable” (‘socially responsable company’), y que sigue las prácticas de comercio justo (‘follows fair trade principles’). El video grafico por varios minutos el mal trato a los animales, amarados de piernas, con cortes en su piel, a veces sangrando, luego tirados como sacos de papas por el piso y gritando por morir.

Claro que es un solo caso, pero el impacto fue no solamente monumental, afectando la demanda en forma directa, sino que el descargo público de la empresa afectada demoró y no fue de todo el más idóneo, mucho menos de acuerdo con su auto proclamada filosofía de ser una “empresa socialmente responsable.”

El caso del algodón es aún más grave, ya que Perú exporta volúmenes apreciables de hilo, tela, prendas de vestir y accesorios de algodón “peruano” con al menos 85%. Pero pregunto: ¿En qué provincias se produce tal cantidad de fibra de algodón, sea tangüis o pima las fibras emblemáticas del Perú?

Según el Instituto Peruano del Algodón, organización privada, estima la producción de este año en unos 4,490TM de fibra de algodón tangüis, y de pima en Piura; unas 330 TM. Ente ambas, la cantidad de fibra alcanzaría a unos 3,600 TM de hilo como promedio. Pero Perú exporta   más de 17,000 TM de hilos, prendas y otros productos textiles de algodón el año pasado. Se supone que la gran mayoría fue producida con insumos importados, principalmente hilo llamado “hindú”.

Según el exgobernador de Ica, el ing. Fernando Cillóniz, Perú no se autoabastece de algodón desde por lo menos el año 2005. No nos debe sorprender que Perú exporte más textiles de poliéster que de algodón. Es más el presidente de la flamante Asociación de Exportadores Perú Textiles, reporto en el diario Gestión el día 5 de nov 2020, que este recién creado gremio tiene como meta “volvernos el sector textil más sostenible a nivel mundial. ”¿Y cómo planear hacerlo?  Aumentar la exportación de prendas de poliéster a EEUU”, así prácticamente dejando al lado el algodón!

SÍ, el Perú tiene que importar vastas cantidades de fibra e hilo de algodón y poliéster de países asiáticos, para “competir con otros países”. Al lema, “Made in Perú” del nuevo gremio, debemos añadir, irónicamente, “Made in Perú—con insumos importados”

Cabe otra pregunta, ¿la industria textil peruana es sostenible si ni siquiera puede sobrevivir con la producción de su propia fibra de algodón, cultivo que hace unos 70 años fue el principal cultivo industrial del país, ahora reducido a un nivel casi imperceptible?

Entonces jactarse públicamente, a través de los medios, eventos, ferias, y gremios públicos y privados, que la oferta textil del Perú es sostenible no solamente sería muy cuestionable, sino también controvertido y hasta contra-productivo.

 

¿Cómo remediar esta realmente calamitosa situación?

La respuesta es simple: invertir en investigación y promoción de las variedades de algodón más prometedoras para la industria textil nacional, que es híper dependiente del hilo importado, cuyo precio es casi la mitad de un hilo similar fabricado en el Perú.

Siendo los campesinos los principales productores, es imprescindible apoyarlos con semillas certificadas de mayor rendimiento, paquetes tecnológicos fáciles de implementar, no muy costosos, y de bajo impacto ambiental, como es el control integral de plagas, fertilizantes en base a compost, guano de isla, etc.

 

Ahora, ¿qué debe hacer una empresa para aportar a un movimiento o buena práctica corporativa llamada “sostenible”?

Escuchamos a los empresarios, gremios y otras instancias decir que hayan adoptado como principio uno o más de las 17 metas propuestas declaración de sostenibilidad de las Naciones Unidas. Pero como promesas para el futuro, inclusive con una fecha en el futuro que nunca será recordada. Estimo personalmente que el término sostenible pasará de moda muy rápido por no ofrecer o demandar del ofertante, compromisos a corto plazo realistas y cumplibles.

 

Entonces, ¿cuáles son los compromisos de Naturtex de corto plazo?

Muy concretamente, si bien hemos adoptado el principio de la declaración de la ONU, no es un derrotero convincente porque no es realmente medible ni de cumplimiento obligatorio.

Nosotros, al inicio de la pandemia y el terrible impacto social, sobre todo por la pérdida de empleo, hemos acordado no despedir personal. Al contrario. Nuestra meta como empresa sostenible es no solamente conservar nuestra fuerza laboral, sino aumentarla con contratos de plazo definido, de tal manera que se contribuya, aún, modestamente, a la sostenibilidad de la economía doméstica de las familias muy vulnerables de nuestros colaboradores, tanto en lima como en nuestra cadena productiva en provincias.

 

¿Existe un crecimiento en la demanda de prendas de vestir sostenible en el mercado peruano? ¿Cómo crees que evolucione?

¡Definitivamente! No puedo hablar por otras empresas, pero la pandemia ha dado una gran oportunidad de demostrar el valor nuestros más de 450 productos textiles como de mejor valor por su calidad, durabilidad, bajo impacto ambiental y alto impacto social.

 

Naturtex es una de las primeras empresas productoras de hilos y textiles orgánicos y sostenibles del país. ¿Podrías darnos un alcance de la oferta de Naturtex?

Comenzamos con la recuperación del algodón nativo en sus colores nativos, una frase que acuñe en Lambayeque en la década de 70. Ahora han aparecido muchas empresas ofreciendo telas, prendas, hilos y artesanías de esta preciosa materia prima ancestral.

Luego nos enfocamos en revertir el abuso químico al cultivo del algodón pima en Piura, con las primeras 60 hectáreas certificadas en 1998.

Luego, con mi experiencia como arqueólogo inventé un proceso de incorporar micro fibras de cobre metálico puro en hilos y telas a nivel industrial. Nuestro exclusivo producto Qoperfina aumentó su demanda enormemente durante la pandemia, y seguirá con nuestro primer lote de algodón orgánico tratado con iones de plata, con reconocidas propiedades para la salud y bienestar humano.

El año pasado, estuvimos abocados a resucitar el algodón amazónico, planta oriunda de la selva peruana de gran potencial textil por su fibra larga y muy blanca.

Finalmente, este mes hemos reabierto nuestro Centro de Interpretación del Algodón Orgánico en el Fundo Pachacámac, con las primeras visitas de varios países y nacionales hace una semana.

 

¿Cuáles son los desafíos que enfrenta Naturtex en los siguientes años?

Principalmente la falsificación de información comercial, de los Certificados de Producción Orgánico, GOTS, Comercio Justo, etc. Hasta el gobierno peruano ofrece certificaciones a empresas con poco o ningún conocimiento real de los procesos y las normas. Sin embargo, como dije al inicio, cada reto ofrece oportunidades y la pandemia nos ha sido muy instructiva, fortalecedora y confirma que nuestra manera de practicar la sostenibilidad ha sido eficaz, no perfecta y aun con muchísimo por mejorar.

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